sábado, 2 de julio de 2011

Point

Lunes, 11 de la noche
hoy las calles van vacías
y quise ahogar lo que sentía
en unas copas asesinas
en el local de esa esquina
en donde te encontré.

Y tus ojos delataban
que no había cantinero
porque agachabas la mirada
y preguntas al cenicero
que era lo que deseo
en tu acogedor bar de quinta.

Azucena era el puerto
en que encallaban las miradas
de personajes casi muertos
que por las luces oscilantes
divulgaban un piropo
debajo de un esplendor azul.

Te propuse ser mi amiga
junto a una copa de whisky
yo te invito cigarrillos me dijiste
siempre y cuando me quedara
hasta que naciera la mañana
y nos matara esta aventura.

El Point era el punto
donde se conoce el asunto
de cantar letras trilladas
con mensajes a la nada
preparando la garganta
hasta que le llegue el turno.

Azucena no decía
lo que pinta esa sonrisa
que también la utilizaba
para sacar del curso
 temas sin importancia
y llegar de frente al punto.

Le cante una de Arjona
a tu mirada y su rubor
ese era el precio justo
para saber que yo no asusto
y que en medio de la nada
roce tus labios por error.

Ahí con alcohol y cigarrillos
rogábamos al cielo
que nunca llegue la mañana
que nos opaque con su velo
y veamos por la ventana
como la vida nos pudiese separar.

Fuimos notas de guitarra
partituras de canciones
que han roto tantos corazones
y brotado alguna lágrima
pero tan lleno de emociones
que creí por un momento que eras de verdad.

Azucena me dio la cuenta
con boleta o con factura
así se paga la amargura
de confundir la compañía
y dedicarle algunas horas
a quien con todo y eso le da lo mismo.

El Point era el punto
en que las almas del ayer
se escapaban de lo absurdo
y de vivir en la utopía
de encerrarse todo el día
y querer cambiar su mundo.

Desaparezco en la nada
Azucena ya se ha ido
allí nunca trabajaba
solo fue a hacerme adicto
de su sonrisa bien usada
para poder dejarme recordar.

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